EL NOMBRE DEL PADRE

El psicoanálisis muestra como un padre es, a la vez, absolutamente necesario y determinante, pero también, fuente de conflictos en la vida de un sujeto, ya que es él el que sostiene el malestar que instaura el lenguaje en tanto tal, dado que es por el hecho de hablar, por ser parlêtres, por estar mortificados por el significante, que la cosa no camina como debiera. El asesinato del padre de la horda primitiva implica la instauración del padre simbólico, lo que produce, entre otros efectos, la pacificación y la posibilidad de darle a un sujeto un lugar en el discurso. Este hecho no supone ni la salvación ni la felicidad. Sino que produce delimitaciones y limitaciones en las relaciones de filiación e instaura la deuda simbólica, lo que equivale a decir que el conflicto no desaparece sino que, justamente, se inaugura. El sujeto padece de un lugar que no eligió, un nombre que tiene que soportar y un decir que no es de él. El ordenamiento que produce el padre simbólico, aun con el lastre del padre real, es el que inaugura el conflicto y no el que lo borra. Por otra parte, lo real del padre no desaparece en la neurosis sino que queda presente en la pulsión; es aquello con lo que se las tiene que ver el sujeto, es una de las vertientes de aquello que lo hace padecer. Nos preguntamos ¿cuál es la función del padre?, ¿qué viabiliza?, ¿cuáles son sus límites en su acción y en sus efectos?, ¿cuáles las consecuencias estructurales de su operatoria?, ¿que implica tener un padre y qué implica poder ir más allá de él? El Nombre-del-Padre tiene funciones específicas y opera de manera tal que sus efectos son irreversibles. Es el significante que nombra la ley del deseo como sexual y que a la vez confronta al sujeto con su propia castración. Lo irreversible, siempre en relación con una de las condiciones de la estructura, introduce lo imposible, lo incurable. "Padre" es lo que determina, al final de la enseñanza de Lacan, la estructura de un sujeto. La función paterna nos hace padecer, y nada tiene que ver con lo que se ha llamado "trauma del nacimiento", sino que se refiere a la entrada inevitable del sujeto en el discurso, se trata de otro trauma y con el que es posible un hacer. El autor: Hugo D. Piciana, psicoanalista argentino, con más de treinta años de trayectoria. Trayectoria sostenida en la práctica y en la transmisión del psicoanálisis, a través de su trabajo clínico, como maestro en grupos de estudio y supervisor tanto en hospitales públicos como en privado.